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martes, 8 de julio de 2008
El minichelista
Oí hablar de ese lugar como algo entre curioso y espectacular, digno de visitarse, una casa antigua donde se podía tomar un café o comer algo, en una de las habitaciones, en el baño o en cualquier punto de la casa, amueblada con camas, tina, mesas o sillones antiguos, como corresponde a cualquier casa que se precie. Cuando tuve oportunidad de ir, aquello no era lo que yo esperaba, pero me divertí bastante. Es una casa estilo colonial californiano, llena, llena, lo que se dice llena de triques, muy cutre, sí, pero con sabor. Todas las sillas eran distintas, parecen compradas en lote por pocos pesos en La lagunilla. Lo que pedí, un smoothie de sabe Dios qué, muy rico y teníamos música en vivo, soportablemente bien (a mi en general no me gusta la música en vivo). Supongo que si te empeñas, puedes comprar cualquiera de los triques de esa casa, si te quieres ahorrar la ida a La lagunilla y beber algo (no alcohólico) agradable y descubrir lo más opuesto al minimalismo (el maximalismo-barroco a la chilanga), ese es el lugar. (Nada que ver con chelos o chelas).
miércoles, 7 de mayo de 2008
La imagen pornográfica en la era del fotochop

Hace unos días un compañero del posgrado exponía su investigación sobre la imagen pornográfica y la pretensión de hacer de ella un género artístico (como lo son el retrato, el paisaje, la naturaleza muerta, etc.). Me acerqué al final y le conté una historia que tiene ribetes de leyenda negra: se cuenta que el historiador y crítico de arte John Ruskin (1819-1900) se casó con una hermosa joven a la que pretendía desde que ella tenia 14 años, pero la noche de bodas, no pudo consumar el matrimonio horrorizado ante el vello púbico de su mujer, ya que solo conocía el cuerpo femenino por las impolutas esculturas de diosas griegas y romanas. Cierto, esto suena un poco falso, pero la realidad es que aquel matrimonio no se consumó jamás y Effie, su mujer, se casó después –ahora sí- con el pintor John Everett Millais con el que engendró varios hijos.
Verdad o mentira, mutatis mutandi, ese -le dije - es el problema de la imagen pornográfica: las mujeres de esas imágenes no existen. Mujeres físicamente perfectas, potentes, hiperesculturales, sin vello (nótese), complacientes hasta la abyección, sin otro sentimiento que el deseo o el miedo (me atengo al guión del ponente), satisfechas en toda circunstancia a las que son sometidas por su(s) genitalmente superdotado(s) compañero(s) de “juego”.
La imagen pornográfica es falsa y el público al que va dirigido no sabe que está ante una imagen fantástica. Además, la imagen, que dice más que mil palabras, genera un estilo de vida que no puede dar otro resultado que la de perenne insatisfacción, junto con una actitud devastadora hacia la mujer.
Verdad o mentira, mutatis mutandi, ese -le dije - es el problema de la imagen pornográfica: las mujeres de esas imágenes no existen. Mujeres físicamente perfectas, potentes, hiperesculturales, sin vello (nótese), complacientes hasta la abyección, sin otro sentimiento que el deseo o el miedo (me atengo al guión del ponente), satisfechas en toda circunstancia a las que son sometidas por su(s) genitalmente superdotado(s) compañero(s) de “juego”.
La imagen pornográfica es falsa y el público al que va dirigido no sabe que está ante una imagen fantástica. Además, la imagen, que dice más que mil palabras, genera un estilo de vida que no puede dar otro resultado que la de perenne insatisfacción, junto con una actitud devastadora hacia la mujer.
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martes, 22 de abril de 2008
Oido en el metro
-...sí, se fue de bracero al otro lado.
-¿de trasero?
-no wey, de Bracero.
-Ah! ya me parecía que iba llegar un poco deteriorado.
-¿de trasero?
-no wey, de Bracero.
-Ah! ya me parecía que iba llegar un poco deteriorado.
lunes, 31 de marzo de 2008
La loca de La Florida

Todos los pueblos tienen su loco, es más, toda colonia o barrio que se precie debe tener uno. La Florida, colonia no tan vieja al sur de la ciudad de México tiene la suya, que es de lo más peculiar. Rubia platinada (pintada), tez blanca, blanquísima (yo creí que era albina) boca enjuta, gesto adusto y siempre viste igual y ¡sorpresa! no es en lo absoluto una mujer pobre o menesterosa, debe vivir en alguna de las amplias casas de esta colonia.
En que consiste su locura? bueno, pues, camina. Sí, camina, camina y camina. Siempre a la misma hora, siempre al mismo paso, siempre la misma ruta. Yo alguna vez intenté desviar su ruta interponiéndome en su camino y con un mohín de disgusto me esquivó. Tengo tantas ganas de preguntarle que porqué camina, pero no me atrevo. A veces le acompaña un señor, era gordito, pero a fuerza de acompañarle ha bajado muchos kilos. Puede ser su hijo, un mozo o un amigo, a este ñor, el paso de la dama lo agota y lo deja sentado en alguna esquina cargando el paraguas (contra el sol o la lluvia). Ella nunca mira, nunca, no ha reparado en la cantidad de veces que hemos coincidido, tengo la impresión de que cuenta sus pasos. Vamos, no hay otra obsesión en ella que no sea el caminar.
jueves, 13 de marzo de 2008
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