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martes, 3 de febrero de 2009

Pobres gordos pobres


Me encontré este anuncio en una revista o periodiquillo de principios de siglo XX en el palacio de cultura Banamex. Le tome la foto pensando lo jocoso que resulta ahora aquello: engordar era, lo mismo que enflacar hoy, un asunto de salud y belleza ¡Apenas hace un siglo!
Los siglos nos contemplan azorados, nunca la comida fue tan variada, abundante y sana como ahora, la ciencia, la tecnología y el comercio han hecho tanto al respecto, que resulta casi imposible imaginar cuando las cosas no eran así. Hoy es fácil consumir productos frescos o bien conservados de los más remotos lugares del planeta, las frutas y verduras pueden conseguirse en cualquier época del año y no es necesario ser muy rico para estar rollizo, e incluso es al revés (la obesidad es más frecuente en las clases económicamente desfavorecidas de México). Antiguamente la gordura era signo de belleza vinculada a la estabilidad económica que permitía comer todos los días.
¿Qué pasa? La mejor respuesta que encontré es la siguiente: tenemos una biología muy animal –paleolítica le dicen- hecha para almacenar en épocas de abundancia y así sobrevivir a las épocas de escasez.
Esa biología dista mucho de modificarse, así que lo mejor que podemos hacer es mejorar nuestros hábitos, volver quizá, a los ayunos temporales, tanto por razones religiosas como de salud y consumir con inteligencia, menos de lo que consideramos casi indispensable. Pero de otra parte, no es posible que el canon de belleza de los siglos anteriores sea tan diametralmente opuesto al actual, ese que induce a la anorexia (enfermedad que es un mal chiste, un pésimo chiste: morir de hambre en la abundancia). Recuperemos la estética de los cuerpos naturales, esos que sí cumplen años y que muestran las curvas de la feminidad.
Abatir las diferencias que hay entre ricos y pobres (los flacos y los gordos de hoy respectivamente), pasa también por este camino: aprender a comer.
Recomiendo este artículo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

La Guadalupana

Me van a perdonar pero me encanta este descubrimiento y hoy, vispera del gran día, les dejo esto:

jueves, 20 de noviembre de 2008

Circuito Bicentenario (Souvenir II)


¿Qué va hacer Marcelo cuando complete el Circuito Bicentenario (antes Circuito Interior)? Yo tengo una sugerencia: transporte público de calidad.
Sí, sí, no es tan descabellado. Recién regreso de Madrid, una de las diez capitales del mundo con mayor calidad de vida y creo que es posible copiar el Autobús circular que funciona allá. Ese autobús corre en los dos sentidos y circunscribe el centro histórico de Madrid y los barrios más céntricos, tal como lo hace el Circuito Interior. Allá los autobuses cuentan con climatización (aire acondicionado en verano, calefacción en invierno) son cómodos, amplios y con periodicidad predecible. Hacen parada en los paraderos y solamente en ellos. Los paraderos se encuentran en lugares lógicos, con amplias banquetas y con correspondencia con otros transportes (metro) o zonas peatonales.
No, tampoco son baratos (1 euro por viaje), pero pagas con gusto su precio (la civilidad del conductor, la seguridad, la comodidad, no es algo despreciable y la experiencia me confirma que tampoco es algo gratuito). Si esta subvencionado no lo sé.
De hecho podrían planificarse dos rutas del mismo transporte circular, el que pase por encima de los puntos conflictivos (por encima de los puentes cuya construcción ahora sufrimos) y el que pase por debajo, en la lateral (cuando la haya). Idealmente deberá tener un carril exclusivo, compartido con taxis y transporte ligero. Por cierto, allá, los taxis en las avenidas grandes, solo hacen parada en los paraderos de autobús, lo que evita esos desagradables enfrenones a mitad de la nada.

Si Marcelo Ebrard de verdad quiere mejorar la ciudad y hacerse presidenciable, si la ambición de hacer de México una capital como las mejores del mundo no se limita a darnos de una pistotota de hielo, no puede dejar pasar esta oportunidad de dar calidad de vida a los que menos tienen (nosotros, los peatones).