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martes, 14 de julio de 2009

Churubusco: Montparnasse chilango


¿Existe un barrio de artistas en la ciudad de México? Sí, cómo no. Se llama Churubusco-Coyoacan ahí, en unas cuantas cuadras se encuentra la Escuela Nacional de Música de la UNAM, la Escuela Superior de Música, la Academia de la Danza Mexicana de Bellas Artes, la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía y el Centro Nacional de las Artes (CENART) (con todas sus escuelas de artes visuales, danza, teatro, etc.) y muy cerca (aunque no es un centro académico), los míticos Estudios Churubusco (o lo que queda de ellos). En teoría, es el barrio más densamente poblado (al menos durante el día) por jóvenes aspirantes a artistas.

Fuera de ese circuito están la Escuela Nacional de Artes Plásticas en Xochimilco y su posgrado en San Carlos, Centro Histórico, la escuela de diseño y artesanías en Xocongo, el Conservatorio en Polanco y la escuela de Laudería en Querétaro. La UNAM protege a sus teatreros en Ciudad Universitaria y a los aspirantes a cineastas en un inmueble adaptado de la colonia Del Valle. Ningún lugar como Churubusco puede preciarse de tener, en muy poquitos kilómetros cuadrados, a tanto “artista”.

Lamentablemente Churubusco no es la zona bohemia que uno esperaría, los estudiantes apenas tienen contacto con los estudiantes de otras escuelas, posiblemente en el andén del metro General Anaya. No hay foros, galerías o puntos de encuentro, la vida nocturna es nula y además, entre el barrio viejo de Churubusco con su ex convento y el CENART, hay un muro urbano insalvable, se llama Calzada de Tlalpan. El medio para cruzarlo es un horrible puente peatonal, donde se dan frecuentes asaltos. El transporte público (con excepción del metro) es malo (peseros y microbuses traqueteantes arrebatándose al “pasaje”) y por supuesto, no hay un transporte que cubra la ruta entre las distintas escuelas de arte, ni una miserable ciclo pista. Jamás a nadie se le ha ocurrido organizar un festival de escuelas, o algo similar.

El problema es uno de los tantos casos de miopía de las autoridades (delegacionales, académicas y del CONACULTA). El barrio de Churubusco cuenta con todo para ser el barrio bohemio que puede ser (aéreas verdes, calles anchas y angostas, bien comunicado con otros puntos de la ciudad, inmuebles históricos y contemporáneos, uso mixto del suelo, etc, etc.).

¿Qué se puede hacer? Uy ¡tanto! Mejorar la infraestructura urbana: tender “puentes” con semáforos, andadores, ciclopistas, banquetas, señalamiento, transporte; mejorar las áreas verdes y la seguridad; construir foros, galerías, organizar expos y "encuentros", un larguísimo y muy posible etcétera.

viernes, 30 de mayo de 2008

En homenaje a la Academia de San Carlos



San Carlos es uno de los recintos académicos más antiguos del país y es uno de los poquísimos edificios civiles que ha conservado su vocación histórica desde el Virreinato, (ya saben, me refiero a esa mala costumbre que tenemos en México de convertir las iglesias en teatros, las estaciones de tren en museo y las casas bonitas en…basureros). Incluso ha conservado su nombre con una pequeñísima alteración, de Real Academia a Nacional Academia de San Carlos (al menos así dice el dintel de la puerta). Ignoro como sobrevivió durante el siglo XIX a los desmanes políticos que redujeron a cenizas la Real y Pontificia Universidad de México, no sé si los artistas, rijosos como son o inofensivos como parecen, fueron ignorados por las autoridades.

El edificio de la Academia es uno de los más esplendorosos en su estilo neoclásico ya casi decimonónico, con reproducciones increíbles de piezas de los museos vaticanos, tiene espacios amplios pero… muy descuidados, desaprovechados e incluso sucios. Tiene también un buen número de ventanales tapiados. Además, hace mucho tiempo que se compró la aneja vecindad para ampliar las posibilidades del edificio, pero aquella casona no es mas que un desarmado conjunto de cuartos, un desorden, vamos, ni siquiera es algo Kitsch (la faltan tendederos, ñoras y niños). Lo peor de todo es que hace poco, el Rector de la UNAM se pavoneaba después de la restauración de una de las galerías más bonitas (a la que no tienen acceso los alumnos ni se le da uso alguno) y la fachada: una restauración por encimita.
Lo que le urge a San Carlos es una intervención integral de conservación bien pensada, para adaptar los espacios a las necesidades actuales, que le dote de drenajes y extractores de aire, otorgue ventanales a los pintores y oscuridad a los fotógrafos. La vecindad incluso se presta para una intervención profunda, una adecuación a usos contemporáneos agresiva, integrando dos épocas muy distintas. Ojalá no haya que esperar a que la Academia cumpla sus 300 años de existencia para que eso suceda.