jueves, 16 de abril de 2009

La plaza de la Conchita


Este blog se esta cansando de ser una plañidera. Si lo que faltan no son planeadores sino implementadores urbanos, este blog gasta inútilmente sus fuerzas en quejarse y proponer soluciones. Además y con ser mi primogénito y con mucho el mayor de mis blogs, se siente totalmente desplazado por sus hermanos menores que son muy monotemáticos, pero eso sí, mucho más visitados.

Por eso, para no alimentar su pena, en esta ocasión voy hablar de una plaza de las más bellas, seguras, urbanas pero con reminiscencias provincianas y ¡asómbrense! libre de ambulantes o mejor dicho, de comercio ilegal: la plaza de la Conchita (a ver si esta última palabra, tan mal sonante en América del Sur, atrae algunos visitantes).

Sí, la plaza de la Conchita esta en el barrio del mismo nombre, en Coyoacán, debe su nombre a una pequeña capilla dedicada a la Purísima o Inmaculada Concepción en el centro de la amplia y arbolada plaza. La plaza cuenta con pocos establecimientos comerciales en su perímetro (y no hacen falta más) dos cafés de medio pelo y una heladería ídem.

La plaza tiene lo necesario para hacer lo que debe hacerse en una plaza: caminar, platicar, pasear al perro, besarse. Los andadores están empedrados, lo que no resulta muy amable a las carriolas y los tobillos endebles envejecidos, pero permite imaginar las plazas de antaño, las de las fotos, fundidas con las calles, sin acotamientos porque el espacio era todo de los peatones (que eran todos).

La plaza cuenta con abundante vegetación y sombra. Su famosa capilla, es testigo de contadas ceremonias pero vale muy bien la visita (por dentro y por fuera). Por fuera, esta ilustre señora, es ahora una leprosa, tiene restos de una decoración interesantísima en argamasa, que se pierde a pasos agigantados y pide gritos una restauradita, que ojalá sus amables (y potentados) vecinos, promuevan, antes de que se pierda del todo su portada. Yo me anoto para hacer la restauración.

2 comentarios:

JLB dijo...

Hasta noviembre pasado trabajaba a una cuadra de esta placita y casi todos los días encontraba la manera de verla por alguno de sus costados, ya a pie o en automóvil.

Me encanta precisamente su empedrado, que no ha sufrido todavía el ataque de la piedra laminada a máquina, los adoquines queretanos o, mucho peor, el espantoso adocreto. Ojalá se conserve así por mucho tiempo.

Se supone que la capilla ya pasó por una restauración, pero solamente se consolidaron los restos de argamasa, no se reconstruyó nada. Pero sería muy hermoso poderla apreciar en un estado más cercano a su concepción original, e incluso con su prolicromía antigua.

Y bueno, si tienes la suerte de restaurar esta joyita, me invitas un día a subirme a los andamios.

Octavio dijo...

Es un poema.Aquello me cautivó...y eso que era de noche cuando la conocí, hace apenas unos días...qué belleza.
Ay , si la tuviera cerca y si supiera al menos dibujar...